Una ficción muy real. Eso es lo que estamos viviendo. Tras pararnos a pestañear en repetidas ocasiones, como si quisiéramos despertar, nos percatamos de que no es una ensoñación, sino nuestro mundo apretando los puños preparado para recibir los envites de una fiera traicionera. Poco a poco, noticia tras noticia, despertamos del todo y nos cercioramos de que, sí, efectivamente, el mundo está temblando. Una vez recibido el golpe sólo nos queda reaccionar. Y es, en este movimiento, donde tenemos que dar lo mejor de nosotros mismos.

            Todo el cuerpo docente del Bachillerato se unió de modo inmediato formando un escudo. Un escudo que quiere proteger su bien más preciado: su alumnado. Por ello no había tiempo que perder y ante el cierre de las aulas el pasado dieciséis de marzo, hubo que tomar decisiones que tenían siempre como objetivo el bienestar de nuestros alumnos. Una estabilidad en su día a día que se enfoca en dos ámbitos indisociables, lo emocional y lo académico.

            Mantener un contacto diario con sus compañeros de clase, así como con sus docentes es un hilo que les une a una realidad concreta, su día a día en el colegio, e impide que se pierdan en el abismo que supone la desconexión de la rutina establecida durante tanto tiempo. Para lograr este objetivo una de las decisiones que se tomaron en el claustro extraordinario al que acudimos el profesorado del Bachillerato de modo telemático, eso sí, el jueves 19 de marzo, fue el hecho de presentarnos como un apoyo para nuestros alumnos y alumnas. Enviarles en todo momento el mensaje de que seguimos estando aquí, aunque sea a través de una cámara, para escucharlos, apoyarlos y acompañarlos.

            La otra vertiente que complementa a esta búsqueda de una estabilidad emocional es la académica. No nos podemos permitir aparcar sine die el trabajo y la asimilación de unos contenidos fundamentales para su correcta evolución bien sea en segundo de bachillerato, o en el terreno universitario. En este sentido, contamos con la suerte de tener en nuestra mano plataformas virtuales que son la trinchera perfecta para mantenernos activos y seguir avanzando. En nuestro horario habitual, nos seguimos conectando con el alumnado a través de foros y videoconferencias. Herramientas que hacen posible que los materiales, proyectos, tareas y explicaciones docentes sigan llegando a sus casas. Métodos que, como ya enunció San José de Calasanz hace siglos, queremos que se basen en la eficacia y la sencillez para lograr el aprendizaje.


La información a día de hoy sobre el Covid-19 es cambiante, cada minuto hay nuevos datos, y ello supone que la incertidumbre pulule a nuestro alrededor alimentándose de nuestros temores. Pero dentro de este estado de alarma que se ha instalado en nuestras casas tenemos que saber que el día en el que nuestros alumnos y alumnas vuelvan a las aulas, podrán seguir con normalidad el trabajo de todas las materias. El Bachillerato no se ha parado, sigue trabajando por aquello que lo sustenta. Por ellos.