Ha llegado el momento, después de estos meses de descanso, en el que volvemos a tener los pasillos del Bachillerato rebosantes de vida. El sonido de puertas que se abren y se cierran, conversaciones superpuestas, abrazos y gestos que nos indican que volvemos a estar aquí, juntos. El profesorado del centro, así como su personal de administración y servicios, tenemos todo preparado para que nuestros alumnos y alumnas vuelvan a las aulas. Van a comenzar un curso lleno de retos, esfuerzo y trabajo, pero también repleto de emociones, nuevas experiencias por vivir y aprendizajes a todos los niveles.

Vamos a trabajar unidos para que el desarrollo de nuestro alumnado sea completo. Completo ya que su formación académica es un pilar fundamental de nuestra labor docente. Una dedicación constante que les permitirá alcanzar, en un futuro próximo, esos sueños y anhelos que tienen esbozados y guardados en un rincón de su interior. Pero esa plenitud en nuestras acciones diarias para con ellos sería inviable si dejamos de lado el cuidado del “yo” más íntimo y personal. Queremos que se encuentren bien en su esfera interior y se desarrollen con la vista abierta al mundo que les rodea. Críticos y sensibles con aquello que nos afecta.

Este punto cobra especial importancia en nuestro contexto actual, lleno de incertidumbres e interrogantes para los que buscamos respuestas. Por ello, el lema de este curso cobra un especial sentido. Vamos a estar cerca de cada uno de ellos, para acortar la distancia que se ha impuesto en nuestras vidas en los últimos tiempos, cerca para escucharlos y apoyarlos. Buscando sumar sonrisas. Una tarea en la que San José de Calasanz y Santa Paula Montal nos guiarán sin descanso.