Durante el pasado mes de octubre se llevaron a cabo las sesiones de convivencias iniciales de curso con los grupos tanto de primero como de segundo. Unas jornadas que invitan al alumnado a parar por unas horas, a dejar la vorágine diaria en un intervalo para centrarse en ellos, en los demás. Lo académico, por un periodo de tiempo, queda en el fondo de la imagen para destacar por encima, la persona, lo colectivo.

La formación integral de las personas implica, por supuesto, una vertiente académica que les impulse a alcanzar sus objetivos profesionales futuros, pero al mismo tiempo, rescata y refuerza la parte interior. Conocer y trabajar “el yo” de los alumnos y alumnas, así como su papel dentro de la clase es vital para reforzarles como personas e impulsarles.

A lo largo de estas sesiones y a través de actividades de toda índole como juegos grupales, reflexiones personales, o coloquios junto a sus compañeros, cada uno escarba en su interior, descubre sus fortalezas y se enfrenta a sus debilidades y miedos. Una imagen personal que también se pone en contexto dentro del aula: ¿qué aporto?, ¿cómo puedo ayudar a otros?, ¿cuál es mi papel? Bajo el prisma de la fe, estas convivencias iniciales empujan al alumnado a desconectar de lo mundanal para indagar en ellos mismos.

En el caso de los alumnos de primero es un momento clave para conocerse entre ellos y descubrir en el grupo un lugar seguro en el que apoyarse. Cada uno acude al Bachillerato “con una mochila” que han llenado a lo largo de los años, desde un centro escolar, y con unas experiencias vitales concretas. Por ello, presentarse ante los demás y acoger a los otros, les hace sentirse parte de un círculo, su clase, que les ayudará a crecer día a día. En el caso del alumnado de segundo, aparte de conocer a sus compañeros, las convivencias son un momento de reflexión. Es el último curso de formación escolar y un inmenso abanico de oportunidades les está esperando a la vuelta de la esquina. Sentirse capaces de afrontar esos retos, valorarse a sí mismos, y percatarse de que la sociedad necesita individuos íntegros, conscientes de las necesidades humanas actuales, suponen los objetivos centrales de estas jornadas.

Unas horas para desconectar y reiniciar con más fuerza ante los desafíos del día a día. ¡Todo un curso por delante!